El Horla, que ahora sabía que jamás me dejaría solo, él era una figura que apenas podía verse.
Un cuerpo poco común, lo único que se distinguía con claridad eran sus ojos y sus manos. Los ojos eran tan brillantes que parecía que tenía dos luces en lugar de ojos. Sus manos tenían como escamas.
Hubiese preferido tener a un asesino antes que a él. Su cuerpo radiaba frío como si fuera a congelar la habitación. Como si estuviese nevando dentro de mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario