Dijo su madre con voz suave y triste, casi al punto del llanto.
Juana se acerca, abraza a la mujer y le dice:
-Mi mas sentido pésame-
Secándose las lágrimas y colocándose los lentes de sol.
De repente alguien golpea la puerta.....
Cada mañana, desde hacía cinco años, Samara se levantaba muy temprano para desayunar, bañarse, y luego ir a la facultad.
Siempre realizaba la misma rutina. Jamás la cambiaba.
Ella de niña había tenido una vida muy complicada y aterradora. Su padre era alcohólico, y golpeador. Eso había marcado la vida de la joven.
Jamás pudo superarlo, cada noche, soñaba con su pasado, con recuerdos que le habían quedado de la niñez. Cada noche los revivía, y eso hacia que Samara no llevara una buena vida. Su padre había fallecido cuando ella tenía once años, pero el odio y rencor por la mala vida que él le dió, nunca se fueron.
Una mañana, cansada de vivir atormentada por su pasado, perseguida por recuerdos que en su mente y cuerpo seguían vivos, tomó la decisión que haría cambiar la rutina.
Decidida Samara subió hasta la terraza del edificio donde vivía, observó el paisaje, inclinó su cabeza, admiró las flores, y se paró en la barandilla del séptimo piso, comenzó a llorar, y dejó caer su cuerpo al vacío, libremente.
Toda su familia, amigos, vecinos y conocidos se encontraron en el velorio de la joven.
Hundidos en la tristeza y angustia, cada ser manifestaba su duelo de formas diferentes.
Poco tiempo después llega Juana, la mejor amiga de Samara.
Tardó en acercarse a verla, dejó pasar unos segundos quedándose en un rincón de la sala.
-Jamás sabremos que se le cruzó por la mente para hacer algo así.-
Dijo su madre, con voz suave y triste, casi al punto del llanto
Juana se acerca, abraza a la mujer y le dice:
-Mi mas sentido pésame.-
Secándose las lágrimas y colocándose los anteojos de sol.
De repente alguien golpea la puerta.
Era un hombre casi calvo y de bigotes, anciano de ojos tristes. Su nombre era Esteban.
-¡Quiero ver a mi hija!-
Gritó desesperadamente.
Todas las personas que se encontraban en el lugar lo miraron sorprendidamente.
La madre de la joven rompió en llanto y confesó que el verdadero padre de Samara era Esteban, aquel hombre, y no ese que le había dado una mala infancia, por el cual ella decidió quitarse la vida.

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